sábado, 31 de julio de 2010

Comentario a la primera carta de Paulo Freire


En esta primera carta de Paulo Freire nos enseña el verdadero sentido del enseñar y del aprender: que ambos términos se interrelacionan de gran manera; tanto alumno como profesor aprenden, y esto se debe hacer de una forma abierta y crítica, no de una manera simple y superflua. Un profesor aprenderá respondiendo de manera crítica las dudas de su alumno, y preguntándose a su vez si aprendió lo reaprendido.
No solo basta el haberse capacitado en las aulas universitarias, pues su preparación va a ser puesta a prueba en cada m omento de su práctica profesional, y su actualización, tiene como base el análisis crítico.
Freire desafía a tener un rol diferente en la enseñanza, ya sea como alumno o aprendiz, porque de una u otra manera, nos educamos. En esta parte se limita a aclarar algunos conceptos como el estudio, la lectura o la observación.

En el estudiar, nos dice que es una preparación, “un quehacer crítico, creador y recreativo”, que a su vez implica la lectura. Pero no una lectura memorística, sino una crítica y curiosa, buscando entender y a su vez enseñar una correcta lectura y escritura.
Como ejemplo, nos propone una figura en la que un hombre moldea un jarro en barro. Freire nos dice que en aquella figura, no solo es el hacer una jarra de barro, sino también es hacer arte y es una forma de sobrevivir, para una persona que se emplea como alfarera. Eso es leer la realidad.
La lectura es un desafío en el cual la persona debe ser persistente y su comprensión es trabajada, no es hecha de milagro. Además debe haber una similitud entre el nivel del texto con el lector; si no hay esto, estamos ante un esfuerzo inútil. Por todo ello, el estudio es un ejercicio paciente que nos lleva a conocer.
Hay que resaltar al ser humano como ente necesitado de la lectura y escritura, como lo dijo Vygotsky o “el ser programado para aprender” de Jacobson, que desde los inicios de su existencia necesita comunicarse, pero enseñándole que estos dos procesos son uno solo, evitando problemas a largo plazo, como la falta de redacción. ¿Cómo se haría esto?
Freire nos da como solución la estimulación de la lectura y escritura, no de la forma tradicional, que es la obligación, sino como un esparcimiento, con lo que se elevaría el nivel educativo.
Corresponde pues a los educadores de nivel preescolar esta enseñanza. Pero esta escritura y lectura debe estar acorde con la realidad social, poniéndose Freire como opositor al idealismo.
Y esto debe ser de manera dialéctica, no esperando el fin del proceso, sino durante el proceso, con lo cual se cambiaría la forma de leer y entender el mundo.
Como vemos, Freire nos propone un modelo diferente a los ya vistos, empleando, como Vygotsky el método dialéctico, esta vez dentro de la enseñanza.

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